Caminito de la escuela.
Posteado agosto 23, 2010 por diezenelsol
Eones han pasado desde que, en su momento, yo también tuviera que cargar mi mochila al hombro y encaminarme a clases como todos los demás niños de mi edad, mayores y menores que yo. Eran otros tiempos, era la época del milagro mexicano y la Patria (Sí, con p mayúscula) estaba al frente de los textos que obligatoriamente teníamos que leer y estudiar si es que queríamos pasar de año.
Aunque el 3º constitucional pregona que la educación básica debe ser gratuita, laica y obligatoria, en este pobre y miserable país que es México la realidad siempre ha sido muy diferente; recuerdo que mis vecinos y compañeros de edad tenían que recitar el Paternoster y La Salve a las 8 de la mañana cada mañana antes de entrar a clases, que sus tutores de enseñanza usaban cofia, hábito y el rosario en la mano izquierda, que las malas palabras estaban terminantemente prohibidas y que “la letra, con sangre entra” era el lema oficial en ese plantel.
Hace muchos años de esto y ahora que el nuevo ciclo escolar empieza y veo a los párvulos y párvulas (hay que cuidar la equidad de género y génera, no vaya a ser que me demanden por segregacionista) caminar acompañados por sus padres o solos con rumbo a la escuela es que me ha dado la inspiración para plasmar en estas y las siguientes líneas la propia experiencia sobre este tema. Así pues, va carta.
Asistí a la escuela primaria en una de las tantas “Amigas de la Obrera” hoy denominadas Escuelas de Participación Social en donde la principal diferencia entre éstas y las demás es que son de medio interno, es decir, que entras a las 7:30 Hrs y sales de ella hasta las 17:00. Diez horas diarias, de lunes a viernes, por seis años. En este lugar aprendí un montón de cosas que hoy ya están en desuso tales como el respeto a mis profesores y el cariño y amor por la Patria. En las horas tempranas el programa normal de educación; aprender a escribir y leer, las tablas, operaciones matemáticas incluidos los quebrados, historia y las ciencias naturales, pero primero el desayuno. Huevos en todas sus presentaciones y variedades pero todos los días, acompañados por atole muy caliente de avena. Si, caro lector, en esta escuela el desayuno nunca fue al estilo DIF que consistía (según me cuentan) en un conito de leche, una palanqueta y una masa rara con sabor a coco. En las Amigas de la Obrera siempre era un desayuno caliente y nutritivo y tenías 20 minutos para acabártelo. A medio día, la comida, en dos turnos dependiendo tu edad. Rancho variado y también muy rico en donde lo único constante era tu vasito pequeño de agua simple y los frijoles ya sea de la olla o chinitos –refritos- En las postreras horas, un taller de manualidades para cerrar la jornada diaria.
El sistema que acabo de describir fue creado en los tiempos de Don Porfirio y mantenido por Don Vicente Lombardo Toledano. El esquema de educación para hijos de madres trabajadoras resultó además democrático y verdaderamente socialista pues los talleres de costura, bordado, tejido, teatro guiñol, repujado y otros más que ya no recuerdo eran para ambos sexos y sin distinciones de ninguna índole; gracias a eso hoy puedo pegar un botón que se me ha caído de la camisa, por ejemplo. Para mayor claridad, les recomiendo la película “Corazón de niño” de Julio Bracho, filmada en 1963.
Hoy la educación dicen algunos que debe ser reformada, que el nivel educativo debe superarse; que ya somos un país de nivel superior al sexto de primaria. Otros pregonan que no, que la educación como está, está bien; que lo único que falta es que los maestros sean, actúen y enseñen como maestros y mientras eso o lo otro sucede veo a los niños acudir de nueva cuenta a la escuela, los que ya estaban en ella anteriormente y a los de recién ingreso. Ellos son los depositarios de la educación pública de hoy. Espero, sinceramente que a ellos reflejen mucho mejor para el país las enseñanzas inculcadas.



